El proyecto Arenas de Cercanías constituye un eslabón estratégico de la cadena de producción de hidrocarburos no convencionales. Las arenas de fractura son un insumo indispensable para la fractura hidráulica (fracking): permiten mantener abiertas las fracturas realizadas en la roca y facilitar el flujo de los hidrocarburos hacia la superficie. A medida que aumenta la actividad en Vaca Muerta, también crece la demanda de este mineral y, con ella, la expansión de la extracción, procesamiento y transporte de arenas desde distintos puntos del país. La importancia del proyecto radica, por lo tanto, en que permite observar una dimensión menos visible del desarrollo hidrocarburífero: los impactos y transformaciones territoriales asociados al fracking se extienden mucho más allá de los lugares donde finalmente se extraen el petróleo y el gas.
La información disponible sobre el proyecto Arenas de Cercanías es, sin embargo, particularmente limitada. El Observatorio del RIGI realizó dos solicitudes de acceso a la información pública para conocer las características del proyecto presentado, sin obtener respuesta hasta el momento. Esta falta de información impide precisar aspectos centrales como la localización y escala de las operaciones, las fuentes de abastecimiento de arena y las evaluaciones ambientales consideradas para su incorporación al régimen. El proyecto contempla una inversión declarada de 233 millones de dólares, pero la ausencia de información oficial suficiente dificulta evaluar de manera integral sus implicancias territoriales, económicas y ambientales.
La creciente importancia de las arenas silíceas está directamente relacionada con la búsqueda de una mayor eficiencia y una reducción de los costos de explotación de Vaca Muerta. Históricamente, una parte de este insumo era importada desde países como Estados Unidos y China, pero desde mediados de la década pasada aumentó la utilización de arenas nacionales, principalmente provenientes de Entre Ríos y, en menor medida, de otras provincias. La disponibilidad local permite reducir los costos asociados al insumo y su transporte, una dimensión relevante si se considera que la arena puede representar entre el 5% y el 9% del costo de perforación de un pozo no convencional.
Impactos ambientales de la extracción de arena. La extracción de arenas silíceas se superpone de manera crítica con los humedales del Delta entrerriano, ecosistemas protegidos esenciales para la regulación hídrica y el sostenimiento de la biodiversidad. El principal impacto ambiental reside en la alteración de lechos de ríos y la apertura de canteras en zonas de alta sensibilidad ecológica. Existe un antecedente judicial relevante en el que el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos ratificó la prohibición de nuevas habilitaciones ante la ausencia de un Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo. Esta carencia de evaluación sistémica impide dimensionar el daño agregado que la minería de arenas produce sobre el ciclo del agua y la estabilidad de los humedales, transformando de facto áreas naturales protegidas en territorios supeditados a las necesidades de la frontera fósil.
Riesgos sanitarios y contaminación por procesos industriales. En las etapas de procesamiento y acopio, el proyecto plantea riesgos directos para la salud pública y el entorno biofísico. El lavado y secado de la arena requiere un consumo hídrico masivo y el uso de floculantes que pueden descomponerse en acrilamida, una sustancia identificada como potencial neurotóxico y cancerígeno. Además, el manejo de grandes volúmenes de arena silícea genera contaminación del aire por material particulado (sílice), lo que representa un riesgo sanitario crónico para trabajadores y poblaciones cercanas a las plantas de tratamiento y las rutas de transporte pesado.
Costos territoriales y distribución de los beneficios. La extracción de arenas de fractura también genera efectos sobre las economías y la infraestructura de las localidades productoras. El caso de Ibicuy (Entre Ríos) muestra cómo la circulación intensiva y sostenida de camiones de gran porte vinculados al transporte de arena aceleró el deterioro y la destrucción de rutas y caminos locales, generando además problemas de movilidad, accidentes y conflictos con otras actividades productivas. Al mismo tiempo, las características fiscales de la explotación de minerales de tercera categoría limitan los ingresos que reciben los gobiernos locales. De este modo, parte de la reducción de los costos logísticos de Vaca Muerta se traduce en mayores costos territoriales para las localidades donde se extrae y transporta la arena, particularmente en materia de infraestructura vial.