YPF sin dólares ni inversores

YPF no es una empresa más: es prácticamente un sector económico en sí mismo. Produce más de la mitad de los hidrocarburos del país y es la principal productora (y promotora) de Vaca Muerta. Durante décadas fue la empresa más grande del país. E incluso en la actualidad mantiene un peso determinante en el valor de la producción agregada de la Argentina, explicando alrededor de un 2% del PBI. Hablar  de YPF es determinante para comprender el rumbo de la economía nacional, incluso respecto de la relación con el exterior a través de la balanza de pagos.


Francisco CANTAMUTTO • UNS/CONICET  – ETFE

  • YPF representa más del 2% del PBI argentino   y es clave para la producción  nacional  de hidrocarburos.  Su historia  refleja  usos estratégicos más allá del negocio energético.
  • YPF  ha sido vaciada  en períodos  neoliberales  y revalorizada tras la expropiación de Repsol, permitiendo  recuperar   el superávit energético, aunque sin resolver pasivos ambientales ni avanzar hacia una transición energética justa.
  • Pese al discurso anti-estatista, el gobierno de Milei depende  de YPF  para atraer inversiones  y generar  dólares vía exportaciones, especialmente en proyectos ligados al RIGI y Vaca Muerta.

En ese sentido, es posible visibilizar cómo a través del tiempo YPF ha sido utilizada para alinear objetivos económicos más amplios que los estrictamente  vinculados a su lógica como empresa o su rol en la producción de hidrocarburos. Por ejemplo, durante la dictadura, la junta militar la usó para tomar deuda, que la empresa no necesitaba, para sostener el régimen de cambio.  O durante la Convertibilidad fue una llave de acceso a dólares mediante su privatización. Entender YPF es entender el rumbo del país. En estos dos períodos, se aprovechó el acervo de YPF para  ceder activos y entregar parte de la renta petrolera a diferentes grupos económicos de origen local y empresas  transnacionales.  Estas corporaciones crecieron en sus negocios (y ganancias) de la mano del esfuerzo público cristalizado en YPF, tomando lo que les era funcional para captar valor: áreas exploradas o en actividad, unidades de negocios, filiales en el extranjero y otras.

YPF puede apalancar el desarrollo del país a través de sus inversiones, asociándose a empresas locales, generando empleo, o puede ser simplemente un repositorio de recursos disponibles para ser vaciado. En general, las experiencias  de gobiernos neoliberales se inclinaron por esta última lógica. Al concebir los hidrocarburos  como una mera mercancía internacional, un commodity: se asume que, si en un momento hay abundancia, se puede vender para conseguir ganancias y, si luego falta de divisas, se compra del exterior. Un mercado vacío de determinaciones y tensiones.  La realidad, claro, es mucho más compleja cuando se mira un mercado internacional tan sensible a la geopolítica y la guerra. Los hidrocarburos son un activo estratégico, cuya explotación debe calibrarse en función de más variables que la rentabilidad de corto plazo.

La privatización  de YPF en la década de 1990 fue clave para que una petrolera pequeña como REPSOL se pudiera proyectar en el mundo, vendiendo sus activos en el exterior, usándola de garantía para acceder a crédito más barato y tomando ganancias que no se reinvirtieron.  De hecho, la explotación intensiva de las reservas existentes, sin una estrategia de exploración que las repusiera, condujo a su agotamiento. Esto fue determinante para que Argentina pasara de tener superávit a déficit comercial energético, ya que, para sostener la expansión económica, se vio obligada a importar energía.

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