El proyecto Diablillos, impulsado por AbraSilver, prevé el desarrollo de una mina de oro y plata en la Puna, en una zona limítrofe entre Salta y Catamarca y próxima a comunidades de Antofagasta de la Sierra. Incorporado al RIGI con una inversión declarada de USD 764 millones, el emprendimiento avanza hacia su etapa de construcción y proyecta iniciar la producción antes de fines de 2029.
La escala y el método de explotación colocan a la dimensión ambiental en el centro del análisis. El proyecto contempla una mina a cielo abierto, con extracción y procesamiento de grandes volúmenes de mineral durante varias décadas. En un ambiente árido de alta montaña, donde el agua constituye un recurso crítico para los ecosistemas y las poblaciones locales, resulta especialmente relevante evaluar los impactos asociados al consumo hídrico, el procesamiento del mineral, la generación de residuos y su gestión a largo plazo.
El caso muestra cómo las fronteras administrativas no necesariamente coinciden con la geografía de los impactos socioambientales: aunque la Declaración de Impacto Ambiental fue otorgada por Salta, algunas de las comunidades más próximas al área del proyecto se encuentran del lado catamarqueño, en Antofagasta de la Sierra y Ciénaga Redonda. Esta situación vuelve especialmente relevante la coordinación entre ambas provincias y la participación de las poblaciones potencialmente afectadas en la evaluación y el monitoreo ambiental del proyecto.
La condición limítrofe del proyecto agrega una dimensión institucional a estos desafíos. Salta y Catamarca han establecido mecanismos de coordinación para administrar un yacimiento localizado en un área cuya delimitación fue históricamente objeto de controversias. La discusión alcanzó también la distribución de regalías y otros beneficios económicos entre ambas provincias. Sin embargo, la cuestión interjurisdiccional excede la distribución de la renta minera: mientras las competencias administrativas se organizan a partir de límites provinciales, los sistemas hídricos y los potenciales impactos ambientales no reconocen esas fronteras.
Minería a cielo abierto, agua y residuos. Diablillos se emplaza en un ambiente árido de la Puna, donde la disponibilidad de agua constituye una variable crítica para los ecosistemas y las poblaciones locales. La explotación a cielo abierto y el procesamiento de grandes volúmenes de mineral requieren analizar las fuentes y cantidades de agua utilizadas, así como la gestión de los residuos y sustancias químicas durante la operación y después del cierre de la mina. A ello se suma la necesidad de considerar los impactos acumulativos de Diablillos junto con otros emprendimientos mineros presentes o proyectados en la región, particularmente sobre los sistemas hídricos altoandinos.
Vulneración de derechos de comunidades indígenas. En términos sociales, la conflictividad se manifiesta a través de la disputa interprovincial por el control del territorio y la renta minera. Esta puja política entre jurisdicciones tiende a invisibilizar la posible presencia de comunidades indígenas y sus derechos a la consulta previa, libre e informada. La calidad de los procesos de participación ciudadana y el acceso a la información ambiental son variables centrales para evaluar la solidez institucional en el territorio. La experiencia regional indica que la expansión de la actividad minera bajo regímenes de incentivos extraordinarios, sin mecanismos de control social robustos, tiende a consolidar modelos donde los costos ambientales son asumidos por las poblaciones locales mientras los beneficios financieros se desterritorializan.