El proyecto de tratamiento y transporte de hidrocarburos en el área Bajo del Choique-La Invernada, impulsado por Pluspetrol y Gas y Petróleo del Neuquén, representa una profundización del modelo de explotación no convencional que prioriza la escala de producción sobre la sostenibilidad territorial y ambiental de la región. Aunque la iniciativa se presenta bajo una narrativa de crecimiento energético y fortalecimiento de la cadena de valor local, el despliegue de infraestructura intensiva —que incluye la perforación de 600 pozos mediante técnica de fracking— se propone sin una evaluación integral de los impactos acumulativos en la cuenca. Esta expansión, enmarcada en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), plantea una explotación proyectada a 25 años, consolidando una matriz extractiva cuyos beneficios locales en términos de empleo permanente resultan marginales frente a la magnitud de la intervención territorial.
La propuesta técnica consiste en el desarrollo integral del activo adquirido a ExxonMobil, con una inversión estimada de USD 430 millones. El plan de trabajo se estructura en dos fases: una etapa inicial en la zona sur para alcanzar una producción de 50.000 barriles diarios de crudo y 6 millones de metros cúbicos de gas, y una segunda etapa en la zona norte para duplicar la capacidad de petróleo y elevar la producción de gas a 12 millones de metros cúbicos diarios. Para alcanzar estos objetivos, se contempla no solo la perforación masiva de pozos, sino también la construcción de cuatro plantas de procesamiento, ductos troncales de evacuación, pozos sumideros, pozos de agua y un campamento habitacional.
Conflictividad socioambiental y afectaciones al territorio. La intensificación de la actividad hidrocarburífera en Bajo del Choique-La Invernada conlleva una serie de riesgos y conflictos socioambientales inherentes a la técnica de fracturación hidráulica. Según registros del Atlas Ambiental de Vaca Muerta, este tipo de despliegue de infraestructura conlleva impactos críticos que afectan la integridad de los ecosistemas y la calidad de vida de las poblaciones circundantes.
Impactos ambientales y riesgos operativos. La escala del proyecto implica un uso masivo de recursos hídricos y conlleva el riesgo de contaminación de acuíferos, sumado a la generación de grandes volúmenes de residuos peligrosos derivados de la perforación y el tratamiento de fluidos. Asimismo, la actividad se asocia con un aumento en la frecuencia de incidentes ambientales y el fenómeno de sismicidad inducida, factores que alteran la estabilidad física del entorno. La construcción de una extensa red de caminos y ductos provoca una fragmentación territorial que afecta la conectividad biológica y la biodiversidad local.
Impactos sociales y derechos humanos. Rincón de los Sauces constituye uno de los principales núcleos de la expansión hidrocarburífera de Vaca Muerta y concentra crecientemente infraestructura, tránsito pesado y actividades asociadas al fracking. A esto se suma la recurrencia de eventos sísmicos registrados en la zona, fenómeno inducido por la explotación no convencional. En mayo de 2026, el INPRES registró un nuevo sismo de magnitud 2,7 y apenas 6 kilómetros de profundidad en cercanías de Rincón de los Sauces, que también alcanzó otras localidades del norte neuquino. En este contexto, la expansión de nuevos proyectos requiere evaluar de manera acumulativa sus efectos sobre el territorio y fortalecer los mecanismos de información, monitoreo ambiental y participación de las poblaciones locales.